

La poesía de Mario Meléndez: una ternura feroz contra el olvido
La poesía de Mario Meléndez irrumpe como un acto de rebelión contra lo trivial. Desde sus primeros libros, el autor ha tejido un universo poético donde conviven la infancia herida, el humor corrosivo, la compasión hacia los marginados y una profunda desconfianza hacia las certezas del lenguaje. Su obra es una caja de resonancia donde la palabra no solo nombra, sino que conmociona y trastoca.
Meléndez escribe desde la orilla de lo humano, con un tono que oscila entre lo lúdico y lo trágico. En sus versos, el amor es un acto de resistencia, Dios un personaje con crisis existenciales y los objetos cotidianos –muñecos rotos, frutas suicidas, animales domésticos del alma– cobran vida para denunciar un mundo absurdo e inconsolable. Su imaginario bebe de la poesía surrealista y del neobarroco latinoamericano, pero también de una tradición oral que transforma la tragedia en fábula.
Hay en su escritura una ética del desamparo: los personajes de sus poemas parecen buscar, como él, un lugar donde la ternura no sea una derrota. Por eso, su poesía no teme al exceso, al juego, ni a la ironía. En lugar de esquivar el dolor, lo acoge con una belleza irreverente, como si cada poema fuera una herida que canta en lugar de sangrar.
Lejos de la solemnidad, Meléndez devuelve a la poesía su potencia original: la de ser un conjuro, un espejo astillado, una grieta por donde se filtra la lucidez. Leerlo es caminar con los ojos cerrados por un campo de relámpagos: algo nos ilumina, algo nos quema, y sin embargo queremos seguir.
Ming Di
(Traducción de Jeremy Paden)
***
NADIE NOS ENSEÑA A MORIR
Nadie nos enseña a morir
Un día nos apagan la luz y despertamos solos
en un jardín de escombros
entre gusanos que nos miran con desprecio
y arañas que pasan todo el tiempo de mal humor
Despertamos con miedo en las axilas
oyendo pájaros que desafinan bajo la lluvia
y hormigas que se aferran a nuestros pies
porque no tienen dónde ir
Despertamos para volver a morir
escondiéndonos del viento que regresa
con las rodillas rotas
olvidando nuestros gestos
frente a un espejo sonámbulo
colgando de nuestra sombra
para no caer a un pozo ciego
donde flota el cadáver de Dios
¿Sabrán nuestros juguetes
que la infancia no tiene patria
y el recuerdo es otro espectro
en un desierto sin sol?
Expendio Editora sugiere
Tus ojos son el fondo de la noche – Vicente Huidobro
Esta es la primera antología de poemas amorosos que se recopila del padre del creacionismo, desde su ya célebre caligrama “Nipona” de 1913 contenido en Canciones en la noche,…
Una barca hacia el cielo – Zhao Lihong
Una barca hacia el cielo es un viaje emocional donde los sentidos son fundamentales para emprender la travesía. La vista, el olfato, el oído, son los protagonistas del discurso…
Museo para pájaros menores – Eunice Odio
Eunice Odio, la trémula, la telúrica, la errante, la migrante, la celeste. Un gran espíritu centroamericano para escudriñar, contemplarla, leerla y admirarla. En el año 2019, justo antes de…